El Loco caminaba silbando con su hatillo al hombro. El Mago trabajaba su magia, con los alambiques sobre la mesa. Se miraron fijamente.
-”Soy libre” –dijo el Loco – “voy adonde quiero”.
-”Soy libre” – dijo el Mago – “construyo lo que quiero”.
Y tras un silencio:
-”Soy feliz” – dijo el Mago – “hago realidad mis deseos”.
-”Soy feliz” – dijo el Loco – “hago de cada realidad mi deseo”.
Y el Mago: -”yo evito el dolor”.
Y el Loco: -”yo lo acepto”.
El silencio fue más largo.
-”Nunca encuentras el momento de realizar tus sueños, querido Loco”.
-”Querido Mago, tú tienes un sueño sin realizar para cada momento”.
-”Cuando parto sé a dónde voy y elaboro un mapa”- dijo el Mago- “Nunca me pierdo”.
-”No tengo rumbo ni meta” – dijo el Loco – “Nunca me pierdo”.
Esta vez volvió a hablar el Loco:
-”Tienes miedo a la vida: por eso sopesas y evalúas cada opción”.
Y el Mago: -”Tú te temes a ti. Por eso ignoras que estás siempre optando”.
-”Nunca serás perfecto”, dijo el Loco.
-”Nunca serás perfecto”, dijo el Mago.
Se miraron a los ojos:
-”Una vez fui Loco” – dijo el Mago.
-”Una vez fui Mago” – dijo el Loco.